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Facherin

Nuestra mamá

Conchita

Esto no se fabrica en un galpón: nuestra mamá nos lo enseñó con las manos, a las dos, y eso se ve en el punto.

Conchita me enseñó a tejer. Enseñaba como le habían enseñado a ella: corrigiendo la tensión del hilo hasta que el punto saliera parejo, sin apuro y sin atajos.

Conchita ya no está. El oficio quedó, y se nota en cada pieza: el punto apretado que pedía, los remates cosidos por dentro, y la costumbre de revisar dos veces antes de dejar salir algo.

El molde del Oso es suyo. No se le cambió una puntada y no se le va a cambiar. Por eso los osos son pocos: se tejen como ella los enseñó, y eso toma el tiempo que toma.

Un molde

El del Oso, que era de ella. No se le cambió una puntada y no se le va a cambiar.

Un punto

El apretado que pedía, y que sigue en cada pieza que sale de acá.

Seis al año

Los osos que hacemos con su molde. Pocos, a propósito: se tejen como ella nos enseñó.

El Oso es suyo

Es la pieza más lenta que hacemos y la única en la que no cambiamos nada.